En España, las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de muerte para el conjunto de la población española, por delante del cáncer.

Las enfermedades cardiovasculares ocasionaron el 33,3% de todas las defunciones, 29% en hombres y 38% en mujeres, con una tasa bruta de mortalidad de 290 por 100.000 habitantes, 269 en varones y 311 en mujeres.

“Cada 20 minutos alguien sufre una parada cardiaca. Seis de cada 10 víctimas fallecen antes de llegar al hospital. Algo que en gran medida podría evitarse. ¿El problema? Al 42 por ciento de los afectados no se le practica maniobras de reanimación antes de que puedan llegar al lugar los equipos médicos. El acceso rápido a un desfibrilador podría evitar hasta el 80 por ciento de esas muertes por infarto.”

“Cada minuto que se retrasa en las maniobras de resucitación las posibilidades de sobrevivir disminuyen entre un 7 y un 10 por ciento”.

El tratamiento recomendado para la parada cardiaca es la RCP inmediata por testigos y la desfibrilación eléctrica precoz. La iniciación inmediata de la RCP puede duplicar o cuadruplicar la supervivencia tras la parada cardiaca. La desfibrilación en los primeros 3-5 minutos del colapso puede producir tasas de supervivencia tan altas como 60-70%. La desfibrilación es un tipo de terapia que mediante la aplicación de un choque eléctrico de corriente continua que consigue revertir distintos trastornos del ritmo cardiaco. Su alta eficacia, facilidad de aplicación y seguridad han contribuido a su gran difusión, estando disponibles en casi todos los ámbitos de la asistencia sanitaria, e incluso los semiautomáticos en lugares públicos, sin personal sanitario. La desfibrilación se utiliza en los casos de parada cardiorrespiratoria, con el paciente inconsciente, que presenta fibrilación ventricular o taquicardia ventricular sin pulso. Son mortales sin tratamiento.